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 Antonio Colomina Riquelme

 

 libro de visitas

 

BIOGRAFÍA

 

Antonio Colomina Riquelme, nace en Orihuela (Alicante) en 1940. Muy joven se desplaza a Madrid donde trabaja y estudia. Obtiene plaza como funcionario del Estado y es destinado a Madrid, posteriormente a La Línea de la Concepción, Algeciras, Cáceres y por último a Alicante. Estudia Teología, Pedagogía y Didáctica de la Enseñanza. Es Profesor de Religión y Moral Católica. Profesor Deportivo. Operador Radiotelegrafista de primera y Radiotelefonista Naval. Diplomado por la Universidad de Alicante por cursos de: Prensa, Radio y Televisión; Periodismo Digital; Periodismo de Investigación; y Creación Narrativa.

Es autor del libro Orihuela, dulce pueblo, y colaborador en el libro Relatos Urbanos. Sin trampa ni cartón; ambos de
la Editorial ECU.

Ha publicado centenares de artículos y relatos en periódicos y revistas impresas y digitales.

Es administrador de tres páginas Web:
Orihuela en mis artículos, El gallo del alba en Alicante y Los relatos de Antonio Colomina, en las cuales publica algunos de sus trabajos.

Es miembro número 1.644 de la “Asociación de Escritores y Artistas Españoles” (AEAE), y componente de la “Red Mundial de Escritores en Español” (REMES)

 

LIBROS

 

http://www.editorial-club-universitario.es/libro.asp?ref=577

 

 

Orihuela, capital de la Vega Baja del Segura, se encuentra situada al sur de la provincia de Alicante, y con su huerta, forma parte de la depresión prelitoral murciana en su extremo oriental. Está protegida la ciudad por el Monte San Miguel y la Sierra de Orihuela, siendo recorrido el núcleo urbano por el río Segura.

Orihuela, dulce pueblo trata de los usos y costumbres de la ciudad oriolana de los años 50 y 60; pero bien podría tratarse de cualquier ciudad de provincias de tipo medio. Las vivencias y recuerdos de juventud de Antonio Colomina Riquelme quedan plasmados en este volumen con 24 artículos y 45 fotografías exclusivas.

El autor tiene vocación de universalizar el contenido de este libro, y desea que con su lectura pueda identificarse y disfrutar tanto un oriolano como cualquier lector natural de ciudad, pues, ¿en que lugar de España no existe una calle Mayor, una plaza de Abastos, unos oficios que se perdieron, cines, fiestas, etc, etc? Todo eso, y muchísimo más, lo recoge Antonio Colomina Riquelme en este volumen con especial maestría.

 

 

http://www.editorial-club-universitario.es/libro.asp?ref=2497

 

 

Es el segundo libro que el autor dedica a su ciudad natal. El primero, Orihuela, dulce pueblo, trata de los usos y costumbres de la ciudad oriolana de los años 50 y 60. El volumen que el distinguido lector tiene en las manos es una mirada retrospectiva que el autor hace de su ciudad natal de las décadas 40, 50 y 60. Sus calles y plazas. Narra de forma clara y sencilla cómo eran y qué establecimientos las configuraban, las personas que los regentaban... Describe por dentro el Hospital Municipal; la Lonja de frutas y hortalizas; el Teatro Circo Esquer; la Casa del Paso; las casas de lenocinio; la Central de Teléfonos; las Fuerzas de Seguridad; el Oratorio Festivo... Las historias de “la mano de Redován”; el santo varón Inocencio Carretero... Y un sinfín de curiosidades, intercalando anécdotas graciosas que protagonizaban algunos vecinos de entonces. Se cierra el volumen con un extenso capítulo de palabras que se utilizaban en aquella época y su significado. El libro va ilustrado con 70 fotografías en blanco y negro, todas inéditas. Está compuesto por 26 extensos artículos y prologado por el ilustre periodista, escritor y conferenciante alicantino Tirso Marín Sessé.

 
 

 

RELATOS

 

 

palimpalem.com/:

 

EL ENFERMO Y SU AVERSIÓN HOSPITALARIA

 FEDERICO... Y LA CULTURA SE HIZO CARNE   

LA SABIDURÍA DEL CAMARERO

 

 

ARTÍCULOS

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LA EFIGIE DE AZORÍN

      Los que siguen mis artículos y relatos saben que me gusta rememorar en ellos mis recuerdos y vivencias de la niñez y juventud. Y no es que yo añore aquellos tiempos, es que pienso que recordar, el no perder nunca de vista el punto de partida, es bueno para conocer mejor el camino que nos ha de llevar al futuro, yo diría que es hasta saludable, siempre y cuando no se haga con nostalgia. La añoranza no es buena consejera, debemos desterrarla de nuestro ser.

     Cuando mi amigo y compañero en las tareas literarias Ramón Fernández, me dijo que el próximo número de la revista “Perito” estaría dedicado a la figura de “Azorín” en el 40 aniversario de su fallecimiento, enseguida me vino a la memoria mi niñez. Yo estudiaba como casi todos los jóvenes de mi generación con la enciclopedia de Dalmau Carles; por entonces las ilustraciones de éstos libros estaban realizadas con dibujos a plumilla. En el apartado de “Lengua Española” o “Lengua Castellana”, —no recuerdo con exactitud la denominación de dicha asignatura—, venía una corta biografía y algún pasaje sacado de la obra de los más clásicos, ese apartado que no ocupaba más de media página por cada escritor, iba con la efigie del personaje realizada, como he dicho antes, a plumilla. El rostro alargado de “Azorín” venía de frente, enjuto, profundos surcos marcaban sus mejillas de arriba abajo; mentón fuerte, nariz alargada, frente despejada; sin embargo tenía cierto atractivo, yo diría que hasta carisma.

     Otra cosa que me llamaba poderosamente la atención era su nombre, José Martínez Ruiz, un nombre y unos apellidos de lo más español, muy corrientes. Yo, en mi candidez, asociaba aquella cara con ese nombre tan normal a un trabajador de clase humilde, a alguien sin recursos económicos. El seudónimo de “Azorín” también despertaba mí curiosidad, a ese sobrenombre no terminaba de verle ningún significado, pero me sonaba muy bien, al pronunciarlo parecía el repicar de una campanilla.

     Al hacerme algo más mayor, el personaje me seguía interesando, pero a medida que iba descubriendo cosas nuevas de él, la idea inicial que yo me había forjado se iba diluyendo. Su verdadero nombre no era tan sencillo, se llamaba en realidad José Augusto Trinidad Martínez Ruiz. Tampoco era un hombre humilde ni de la clase trabajadora, provenía de una familia acomodada; su padre de origen murciano recaló en Monóvar donde ejercía la abogacía.     Pepe, así le llamaban en su casa a “Azorín”, tuvo una juventud ácrata; al ser el mayor de nueve hermanos gustaba de ausentarse a la finca familiar de Collado de la Salina, en Almodóvar, lejos del ajetreo del hogar familiar, en ese lugar es donde, en soledad, se dedicaba a su pasión por la escritura.   

 “Azorín”, comienza su carrera como periodista y escritor, hace crítica teatral, pero al final se decanta por la crítica político-social.    En noviembre de 1896, se marcha a Madrid, donde escribe en numerosas publicaciones de la capital, abandona su carrera de Derecho y se afana en buscar el éxito literario.   Utilizó varios seudónimos quedándose definitivamente con el de “Azorín”, sobrenombre que toma de una trilogía novelística que publica en 1904.    José Augusto Trinidad Martínez Ruiz,  “Azorín”, poco a poco fue cambiando su forma de pensar, pasando de ser una persona inconformista y rebelde a abrazar la ideología política de su padre, que llegó a ser alcalde y diputado conservador. Sus colaboraciones periodísticas se centraron en el diario ABC. 

Hizo carrera política bajo la corriente conservadora, llegando a ser diputado en cinco ocasiones y Subsecretario de Instrucción Pública. Su carácter cambiable se adapta bien a la realidad del momento y se instala en la vida confortable. En 1936, con el inicio de la guerra civil española, consigue un pasaporte y se marcha, junto a su esposa Julia Guinda Urzanqui a Paris.   En 1939, al finalizar la contienda vuelve a Madrid, allí se ajusta bien al recién instaurado régimen franquista, siendo muchas veces condecorado y homenajeado por las autoridades de la época.

    La obra literaria de “Azorín” es prolífica e importante como corresponde a un personaje que no paró de escribir desde su adolescencia hasta el final de su larga vida. Artículos periodísticos, relatos, ensayos, novelas, obras teatrales e incluso autos sacramentales. Libros de paisajes y semblanzas y ya, en las postrimerías de su vida, escribió su biografía.

    La efigie a plumilla de José Martínez Ruiz, que tanto me atraía en el colegio cuando abría mi enciclopedia, con aquel sencillo nombre tan español y el seudónimo de “Azorín”, que me sonaba como una campanilla, fue desplazado en mi mente por el auténtico personaje: José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, sin lugar a dudas gran escritor, hombre que sabía adaptarse a las circunstancias socio-políticas del momento y sacar provecho de ello. Durante su larga trayectoria literaria cosecha numerosos éxitos no exentos de algunos fracasos que,  para nada,  enturbian su dilatada carrera.

   
Falleció el 2 de marzo de 1967, a los 93 años de edad en su casa de calle Zorrilla, 21 de Madrid. 


Antonio Colomina

 

 

LINKS

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