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MARÍA JOSÉ ARQUES CANO

 

 

 

 

 

     Nacida en Alicante, hija del humorista José Arques Lloréns, Tolo, afirma que su vida ha permanecido unida, desde muy niña, a la literatura.

 

Ha publicado en varios libros colectivos sus relatos y poemas, como “Velázquez, 18. Poemas”, “Entre azules y blancos” , “Hablan los poetas”, y Miguel Hernández 2006. Evocación y homenaje en la Sede Universitaria de Alicante, entre otros, así como en las revistas Xaloc y Palmeral.

 

Se puede leer una muestra de su obra en las páginas www.mundoculturalhispano.es  y www.cervantesvirtual.com    Es directora de la revista literaria y artística AUCA y presidenta de la Asociación Cultural AUCA DE LAS LETRAS.

 

POEMAS

                    

Labios de ébano

 

 

                                 

                                 Cogió la cuchilla.

                                 Se acercó a la niña.                         

                                   

 

                                 Mujeres sin su sexo poblando la sabana.

                                 Placeres extirpados en hembras mutiladas.

                                 Horror entre las piernas africanas.

                                 Ella la vio llegar con su gesto de trampa,

                                 a una silla de mimbre la tenían atada.

 

 

                                 Cogió la cuchilla.

                                 Se acercó a la niña. 

 

 

                                 Adheridos al grito de la hermosa Ekao

                                 pugnaban por fluir mil cuentos silenciados.

                                 Ella luchó por liberar su mano

                                 mas cayó envuelto en el sangriento llanto        

                                 un trozo de su carne sobre el barro.

 

                                

                                 Cogió la cuchilla

                                 y amputó a la niña.

 

 

                                                             María José Arques

                                                                                         

                                

 

 

      Hambre en el sur          

               

 

 

 

El hambre aturde y emplaza a los fantasmas

a celebrar su fiesta

de estómagos hinchados.

Colgando de los muertos hay guirnaldas

que ensalzan su bandera

de odios y venganzas.

En las mesas, con sórdidos manteles,

gusanos de las charcas

inmersos en el barro,

traficantes de armas.

 

 

En la celebración de los titanes, 

acuden a bailar con la mentira.

Sus cuellos, realzados con diamantes.

Unos venden su vida,

otros compran exóticas sustancias.

En la alfombra persiguen la estatuilla,

el premio venerado.

Y mientras, en el sur, una plegaria

tiñe de sangre las palmas de la manos.

 

 

                             María José Arques

 

 

 

   

 

 

 

  

 

 

 

 

 

        En el corazón del fuego

 

 

                                      En el corazón del fuego hay un niño que grita

                                               y conmueve al silencio intermitente.

                                               Un estallido de cólera

                                               y una sonrisa que se apaga

                                               de un golpe seco.

 

 

                                               En el corazón del fuego ya no queda nada,

                                                ni llanto, ni pena, ni súplica.

                                               Se escucha un silbido

                                               seguido de salvaje estrépito.

                                               Ira y lamento.

 

 

                                               En el corazón del fuego estamos tú y yo,

                                               y todos los demás,

                                               junto a ese niño que pide clemencia.

 

 

                                               En el corazón del fuego ya no queda nada.

                                               Todo está destruido.

                                               Punto y final a una inocencia muda.

 

 

                                                              María José Arques.

 

 

 

 

 

 

RELATOS

 

                       Los balones.

 

 

 

 

Laura Rodríguez, esposa de Lon Tan, embajador de Rumarta, esperaba a su amiga en la puerta de la lujosa tienda de alta costura Listrian Mor, dispuesta a pasar una gratificante tarde de compras y charla.

Ser la mujer de un importante diplomático no resultaba sencillo, aunque algunas personas pensaran que llevaba una vida fácil. Tenía que cuidar su imagen al máximo: ropa, complementos, dieta, gimnasio, masajes... y alguna que otra operación. Todo era poco para conseguir brillar en las fiestas, recepciones, conferencias, y demás actos a los que se veía obligada a asistir sola o junto a su marido.

-Sí- pensó-. Un rato con su mejor amiga no tenía precio.

En la esquina donde se encontraba soplaba un viento muy desagradable y estaba empezando a llover. Lamentó haber olvidado su visón en casa.

Una mujer se acercó a ella para pedirle una limosna. Abrió el monedero y extendió unos céntimos a la indigente. Este hecho la hizo recordar que ya estaba entrando el mes de septiembre. Apenas había comenzado a moverse para la campaña benéfica de Navidad. Tendría que darse prisa si quería ver realizado su proyecto en esas fechas. Sumergida en sus pensamientos, no vio acercarse a Rosa.

-¡Laura, que guapa estás de azul! Siempre te he dicho que es el color que mejor te sienta. Lamento haberte hecho esperar tanto tiempo, pero ya sabes como se pone la M-30. ¡Cada vez me cuesta más venir a verte!

-Bueno, no pasa nada, pero me he quedado helada aquí en la esquina. ¡Qué frío! ¿Tomamos algo caliente?

Las dos amigas se dirigieron al café más cercano y tomaron asiento. Ante sus respectivos tes con leche, dialogaron durante mucho tiempo y Laura contó a Rosa la idea que quería llevar a cabo en Navidad.

-Quiero mandar a Rumarta una partida de balones para los niños de parte del embajador. He pensado además realizar un acto simbólico de entrega. Iré yo personalmente en nombre de Lon. Ya he hablado con una ONG. Ellos elegirán al grupo de chavales que acudirán a por los balones ese día y también se encargarán de repartir los demás entre todos loa niños pobres de Rumarta. ¿A que es genial?

-He de reconocer que sí, pero debes darte prisa. Casi estamos en octubre.

-Sí. Empezaré mañana mismo.

La Navidad llegó entre prisas, citas y llamadas telefónicas. El veintidós de diciembre, Laura viajó a Rumarta para culminar su propósito. En el hotel donde se hospedaba, acudió a la peluquería y fue maquillada por un profesional. Todo tenía que salir perfecto.

A su llegada al palacio presidencial, la recibieron varios diplomáticos y algunos dirigentes de organizaciones no gubernamentales. El salón donde se realizaría el acto lucía precioso. Se había hecho un buen trabajo.

Sonaron los himnos de ambos países y quince chiquillos vestidos para la ocasión entraron en la estancia. La embajadora se acercó a los chavales y les hizo algunos arrumacos. Acto seguido sacó los balones de la caja y se dispuso a entregarlos. Los pequeños le daban las gracias y hacían una reverencia.

Uno de los chiquillos, con el balón en sus manos, y después de mirarlo durante unos minutos, lo tiró con furia al suelo, clavando con gesto airado sus ojos en la embajadora.

Una de las organizadoras se acercó al muchacho y le pregunto qué le pasaba. Son Lin le dirigió unas palabras entre gritos y sollozos.

Laura, que aún no había aprendido bien el idioma de Rumarta, pidió que le tradujesen las palabras del niño.

-Dice que no quiere jugar con eso porque le trae malos recuerdos. Él mismo fabricó ese balón hace dos años en la empresa donde trabaja. Lo recuerda porque al pintarlo, se le escapó el pincel y dejo marcada una tara en forma de corazón.

Mientras los responsables del acto comentaban el incidente, Son Lin abandonó el salón envuelto en su rabia y su tristeza. Dieciséis horas diarias de trabajo durante varios de sus infantiles años, le habían desordenado el alma...

 

 

 

 

                                                           María José Arques

 

 

 


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